Teresa, la Jardinera de la Luz

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Escrita y dirigida por Denis Rafter para el Grupo de Teatro Lazarillo de Tormes (ONCE Salamanca), sólo quedan 4 representaciones:

Mayo 2016

  • Viernes 13 de mayo a las 19:00 h. en Salamanca en el Colegio de las Siervas de San José (patio porticado).
  • Domingo 15 de mayo a las 18:00 h. en Cantalpino (Salamanca) en la Iglesia Parroquial.

Julio 2016

  • Viernes 1 de julio a las 20:00 h. en Benavente (Zamora) en la Iglesia de San Juan del Mercado.
  • Sábado 16 de julio (hora por confirmar) en Trabanca (Salamanca) en la Iglesia Parroquial.

Este montaje teatral quiere ser simplemente un homenaje a un ser humano, a una mujer, a Teresa de Jesús. Muchas veces creemos que lo sublime consiste en olvidarse de lo elemental: con lo cual aquellas grandezas parecen no pertenecer a este mundo y mucho menos en pleno siglo XVI que es cuando se desarrolla la acción.

Esta mujer suscita un interés que transciende al tiempo y al espacio, resulta de una gran actualidad porque, si ahondamos en su vida y sus obras podemos ver con claridad que, a la vez que se preocupaba por lo espiritual y transcendental, también lo hacía por atender las miserias terrenales más inmediatas, tuvo la capacidad, no sin esfuerzo y sacrificio, de fundar y reformar un gran número de conventos a pesar de las dificultades y persecuciones a las que fue sometida.

La obra está concebida para ser representada en iglesias, escenarios naturales para que un grupo de monjas carmelitas, en los momentos previos a la muerte de su ‘madre’ Teresa de Jesús se vean obligadas a salir en su defensa para lo que tendrán que hacer una retrospectiva de su vida y obras además de recitar sus poemas y cantar canciones de autores de esa época, acompañadas al órgano por el maestro ciego Francisco de Salinas.

Bienvenidos, Peregrinos

 

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A su llegada a la capital abulense, en un escenario cargado de simbolismo teresiano como los Cuatro Postes, Santa Teresa de Jesús  -interpretada magistralmente por Candelas Pérez- recibió este domingo a los peregrinos que completaban la ruta ‘De la cuna al sepulcro’ en sentido inverso después de recorrer los 117 kilómetros que separan Alba de Tormes de Ávila en seis etapas y dos fines de semana consecutivos. Tan sorprendidos como los turistas que contemplaban la clásica panorámica de Ávila desde ese bello mirador, la treintena de personas que partió por la mañana de Gotarrendura en la última de las etapas del recorrido agradecieron tan singular bienvenida a la ciudad en la que nació la gran mística abulense. Vestida con el hábito carmelita, no solo les dirigió unas cálidas palabras, también   entonó una canción cuya letra fue coreada por el grupo, ya acomodado en los peldaños de subida al monumento en busca del descanso que sus piernas reclamaban.
Aunque cansados después de la caminata, muchos de ellos con el rostro quemado por el viento y el sol, los peregrinos no podían disimular su satisfacción al  llegar al fin a la cuna de Santa Teresa. Tras la breve parada en los Cuatro Postes que compartieron con la protagonista de la ruta de peregrinación que discurre entre las provincias de Ávila y Salamanca, los expedicionarios continuaron su camino hacia la iglesia de La Santa, levantada en el mismo lugar donde estuvo su casa natal, donde fueron recibidos por los padres carmelitas. Su llegad allí fue un momento emocionante tras el cual repusieron fuerzas comiendo todos juntos, una comida en la que estrecharon lazos y en la que no faltaron las anécdotas y vivencias del camino.

Bienvenidos, Peregrinos

Tomado de: Diario de Ávila

Para siempre, siempre, siempre

“Para siempre, siempre, siempre” una adaptación de la novela de Ramón García

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La compañía teatral La Quimera de Plástico, con más de 32 años de historia, estrena en el teatro Calderón ‘Para siempre, siempre, siempre’ (Cuaderno secreto de la niña Teresa de Ahumada), basada en la novela de Ramón Gacía Domínguez: ‘Para siempre’ (Cuaderno secreto de la niña Teresa de Jesús). Juan Manuel Pérez es el responsable de la adaptación y dirección de la versión teatral y a la vez actor.

‘Para siempre, siempre, siempre’ es la versión teatral que La Quimera de Plástico ha realizado de la novela ‘Para siempre’ (Cuaderno secreto de la niña Teresa de Jesús), de Ramón García Domínguez. En ella, un concienzudo y entusiasta investigador, después de largas pesquisas, ha encontrado a orillas del río Adaja, cerca de Ávila, un cuaderno autógrafo de Teresa de Ahumada que da noticia, a saltos, de lo que fue su niñez y preadolescencia. En este supuesto diario se recogen las pocas noticias que de la niña Santa Teresa han llegado hasta nuestros días sobre sus inquietudes, anhelos y anécdotas familiares, añadiendo otras, producto de la imaginación del autor, y de la propia puesta en escena. La obra teatral, de 60 minutos de duración, se inicia con el descubrimiento del manuscrito y termina con la decisión del investigador de publicarlo. Entre medias… retazos de la vida de una desconocida niña llamada Teresa de Ahumada.

Para Siempre, siempre, siempre Cadena Ser

Se trata de un montaje laico en el que el juego y las canciones populares -interpretadas por Carmen Orte con el acompañamiento de zanfona- tienen un papel destacado.  La Quimera de Plástico ha huído de un posible análisis místico del personaje, del que se celebró el quinto centenario de su nacimiento en 2015. Tampoco se aborda la rebeldía que como mujer caracterizó a Teresa de Ahumada, aunque sí el personaje muestra a una niña muy revoltosa, muy inquieta.

“Es un espectáculo  teatral como cualquier otro que hemos hecho para niños, aunquepodemos decir que se trata de un espectáculo familiar; las personas mayores que lo han visto no se han sentido defraudadas. El centro es una niña que vive en Ávila en una época determinada: el siglo XVI, sin incidir en el ambiente sociológico, obviando la Inquisición, que sí está presente en la novela de Ramón [García Domínguez]. Lo que nos interesó del texto es el personaje, sus relaciones con su hermano Rodrigo… Nos hemos permitido una pequeña gamberrada al incorporar a un investigador, un arqueólogo y su diario que se va contando al público“, manifiesta Juan Manuel Pérez.

Pérez comenzó en Teloncillo y desde 1985 forma parte de La Quimera de Plástico. Ha interpretado papeles como protagonista en 30 obras teatrales. Es autor de 9 obras de teatro para niños, todas estrenadas y en todas ha participado como actor. En ‘Para siempre, siempre, siempre” hace de Ramón, el investigador, padre y alcalde. Con Pérez trabajan: Carme Orte (madre), Blanca Izquierdo (Teresa de Ahumada) y Javier Bermejo (Rodrigo y jefe de Ramón).

“La idea de montar este espectáculo”, añade Pérez, “surgió en 2014. El comité organizador del V Centenario llamó a Tomás [Martín, el otro pilar histórico de La Quimera] para proponernos hacer algo, ya que conocían nuestro trabajo, y querían que presentasemos una propuesta sobre Santa Teresa. La idea estaba ahí cuando hablando con Ramón [García] nos comentó que iba a publicar un libro sobre la niña Teresa de Ahumada. Leímos las galeradas y dijimos: vamos a hacerlo”.

El resultado ya ha sido visto en Simancas, en octubre para niños, y al mes siguiente para el público adulto. Recientemente se ha estrenado en León, y en el Teatro Calderón de Valladolid, el viernes 29  y el sábado 30 de abril … “Las críticas han sido muy buenas”, dice Juan Manuel Pérez, que insiste en que las referencias a la Santa son “muy justas. En el espectáculo -que tiene una escenografía muy sencilla y todo se basa en la interpretación y en el texto- no hay nada de la parafernalia que rodea a Santa Teresa”.

Obra por año

La compañía de teatro La Quimera de Plástico se fundó en 1983. Ha estrenado treinta obras, casi una por año y ha realizado casi dos mil quinientas representaciones en sucesivas giras que han abarcado la totalidad de Comunidades Autónomas del Estado Español y participado en más de 100 ediciones de Festivales en 15 de ellas con una importante proyección internacional: Cuba, Nicaragua, Honduras, Argentina, Brasil, Venezuela, Colombia, República Dominicana, Francia, Portugal, Luxemburgo, Croacia…

El espectro de autores cuyas obras, no siempre dramáticas, han sido estrenadas por La Quimera es amplio y diverso (Lorca, Orkeny, Alfonso Vallejo, Brech, Tolstoi, Darío Fo, Kafka, Valle-Inclán, Quevedo, José Luis Alonso de Santos, Shakespeare, Cervantes, Roberto Lumbreras, Miguel Murillo y Luis Matilla) sin olvidar las siete obras dedicadas al público infantil creadas en el seno de la propia Compañía por Juan Manuel Pérez. Lo que demuestra un gran interés de la Compañía por autores contemporáneos, especialmente españoles.

Así mismo la compañía ha colaborado con diferentes directores escénicos que sumaron y siguen sumando su trabajo al realizado por Tomás Martín, Juan Manuel Pérez o Selma Sorhegui. Cabe destacar a Andrés Cienfuegos –director o coodirector de 10 de sus montajes-, José Antonio Rodríguez – “Otelo”-, Juan Margallo – “La identidad de Polán”, “El doncel del caballero” y asesoría de “Entre pícaros anda el juego”-, Olga Margallo – “La identidad de Polán”-, Héctor Grillo – “Romanceros”- Rosario Suárez (Charín) – “Círculo viciado”-estreno septiembre 2014-.

La Quimera de Plástico ha coproducido con otras compañías los siguientes espectáculos: “Romanceros” y “Canciones que vinieron de América” con el Silbo Vulnerado de Zaragoza, “Yo grito” con Teatro Estudio de La Habana, “Círculo viciado” con el colectivo “Chamanas” de Valladolid.

El último trabajo de La Quimera de Plástico se basa, como ya se ha dicho, en un texto del periodista y escritor Ramón García Domínguez, “de origen navarro que vive desde hace largo tiempo en Valladolid, por lo que también se considera y siente muy castellano”. Ramón García, que ha cultivado varios géneros literarios, con preferencia por la lietartura infantil y juvenil, es especialista en la obra de Miguel Delibes.

Tomado de: Cadena Ser y Ultimo Cero

 

 

Hacedores de la Morada de Dios

Cristo es la Morada

Guiados por Teresa de Jesús, nos vamos adentrando en las moradas de la vida espiritual de la santa, es cierto, porque ella no hace otra cosa que ponerle palabras al camino de fe que ha recorrido a lo largo de su vida, pero también son las moradas de nuestro propio itinerario espiritual. No estamos ante un libro -Las moradas- que trate sobre cuestiones esotéricas destinado a unos pocos iluminados o a gente especial o experta, sino ante el testimonio de una peregrina que nos cuenta cómo ha vivido su relación con Cristo. «Las moradas» son el evangelio tal como se fue moldeando en la historia de esta santa, que sumó a su condición de tal, la capacidad para observar y dar a conocer su experiencia por medio del genio de su pluma y de su verbo, y de la creatividad con que veía las cosas a su alrededor y en su interior, y la imaginación y el humor, y en fin, la fuerza profunda, interior y social a la vez, con que vivió cada minuto de sus días.

Esta vida espiritual que ella comparte con nosotros no es una invitación a aislarse o escaparse del mundo. La santidad de todos quienes conocieron a Teresa es la expresión visible de su castillo interior. Ella nos quiere decir que Dios es parte de tu vida, y es la mejor parte, pero lo tendrás que buscar, y no en la superficie ni en lo evidente o demostrable, sino en una realidad que está bien cerca de ti pero es invisible, y a la que se accede a través de la puerta de la oración. Y el que la traspase entrará en las primeras moradas donde Cristo lo atraerá con su amor, pero deberá luchar por esta vida nueva si es que en verdad la quiere. Y este combate son las moradas segundas. Y luego está el riesgo de la rutina, del sentirse seguros y amparados por la apariencia de los hábitos cristianos, disimulando los sinsabores de una existencia estancada en el orgullo, que impide progresar en la vida de Dios, y que solo la humildad, el «necesito de ti, Jesús, para seguir adelante y hacer lo que tú deseas», nos puede devolver la alegría. Son las moradas terceras.

Las cuartas moradas de las que nos habla Teresa nos ayudan a apreciar la vocación cristiana como la fuente de verdadera paz, serenidad y alegría que dilata la vida, la multiplica, la abre al amor, al encuentro con los demás, y a Dios. Es cierto que la oración de quietud que la madre Teresa nos describe y por la que se entra en estas moradas cuartas es un regalo que el Señor hace a ciertas personas santas, y en ese sentido las percibimos como experiencias exclusivas de ellas. Y esa sensación nos acompañará en las moradas restantes. Pero al mismo tiempo, esa realidad nos adviene no solo como una promesa que aguardamos, sino también como un presente que ya vivimos en algún grado todos los cristianos. Así, esa fuente de vida que libera la existencia desbordándola de alegría no es sino la vida bautismal que cada creyente conoce, porque es la vida de Dios en él. Por lo tanto, al entrar en las moradas cuartas con Teresa sentimos que de alguna manera conocemos esos aposentos, y nos pertenecen, aunque sea de una manera más distante, como unas tierras secas que reciben el agua que viene desde muy lejos gracias a las cañerías y a un sistema de regadío que ha costado mucho esfuerzo construir y mucho trabajo mantener. Por su parte, Teresa nos ha contado que si Dios quiere, existe la posibilidad de ver manar agua abundante sin ningún trabajo de nuestra parte, porque el agua no debe desplazarse, sino que el manantial está ahí mismo, y la evidencia de sus aguas se derrama desde lo muy íntimo hasta cada rincón de nuestra existencia, provocando una enorme felicidad. Es como un sueño, en que el alma parece «adormizada», pues «ni bien parece estar dormida, ni se siente despierta». De esto tenemos experiencia también, porque los momentos de intensa felicidad, aunque fugaces, parecen forzar los límites de «lo real», lo conocido, y mostrarnos que el mundo es más ancho y hermoso de lo que creíamos.

Unión del alma con Dios

Las moradas quintas, en este sentido, van más allá del sueño propio de las cuartas, y es como si te mataran, y uno se queda «como sin sentido», «como quien de todo punto ha muerto al mundo para vivir más en Dios». Es tal la fascinación del encuentro con el Otro, de «entrar» en Él, que uno quiere estar totalmente allí, para lo cual renuncia a ser lo de antes, que ya se siente claramente como viejo. ¡Por supuesto que nos encontramos ante el lenguaje del amor, los símbolos, que pueden dar cuenta de estos mundos nuevos! También los usamos actualmente. Así, alguien que se enamora de otro, dice de él: me dejó muerto. Y Teresa refiere que cuando sucede lo que sucede en las moradas quintas «no menea pie ni mano, como acá decimos de una persona que está tan desmayada que nos parece está muerta».

Sigamos con el ejemplo de los enamorados, que, a propósito, es la imagen que usará Teresa ya en estas moradas, y hasta el final, las séptimas. Aquí, en las quintas moradas, Teresa señala que se trata de un primer contacto entre los novios, y aunque es muy breve, el alma puede comprender lo que de otro modo le llevaría mil años, y queda muy enamorada al haber visto de «una manera secreta quién es este Esposo». Quien se enamora desea contentar en todo al otro, y seguirlo a todas partes. Y se suele decir que dos personas que se ponen de novios están súper conectados. No hay distancias, la unión es profunda, total, como si fuésemos uno, el uno en el otro. Madre Teresa nos explica que eso es lo que ocurre en las moradas quintas: la oración de unión del alma con Dios. Y es una unión que te deja sin respiración. Aquí lo que yo quiero se rinde totalmente al querer del Amor, al deseo del Señor, a la voluntad de Dios. ¿En el origen de toda historia de fe no está el «ven y sígueme»? ¿Y no nos llamó para estar con él? Bueno, aquí es la comunión profunda entre el Amado —Cristo—, y la amada —el alma, el creyente—. Y estos sí son amores que matan, aunque se trate de «una muerte sabrosa». Piensa Teresa entonces en la carta a los Colosenses: «Porque ustedes están muertos, y su vida está desde ahora oculta con Cristo en Dios» (Col 3, 3).

Piensa también en la imagen del gusano de seda que, mientras se va alimentando de la hoja de la morera, va fabricando con su baba su propio capullo de seda hasta quedar oculto dentro de él. Habrá que esperar que, al cabo de unas horas, desde su interior se rompa una de las paredes y salga, sorprendentemente, ya no un gusano feo sino una mariposa blanca llena de vida que no encuentra sosiego en ninguna parte y no deja de agitar vivamente sus alas. Lo que entró allí ha muerto y ha sido transformado en un nuevo ser lleno de vida.

Así ocurre a quien entra en las moradas quintas por medio de la oración de unión. Hay un morir en el sentido que durante la media hora que tal vez dure esta vivencia espiritual el alma «ni ve, ni oye, ni entiende en el tiempo que está así». Sin embargo, apunta Teresa, cuando «torna en sí», no puede dudar de «que estuvo en Dios y Dios en ella». «Pues, ¿cómo lo que no vimos se nos queda con esa certidumbre? —se pregunta—. Eso no lo sé yo; son obras suyas; mas sé que digo la verdad, y quien no quedare con esta certidumbre, no diría yo que es unión de toda el alma con Dios». Es una certeza que resiste el paso de los años, no puede olvidarse y queda sellada definitivamente en el corazón.

Y hay otro morir más profundo, que es un morir al pecado, al estilo de vida mundano, al amor propio y al egoísmo, a la sujeción de la propia voluntad, a «juzgar a los prójimos», a la falta de caridad, a amar al otro menos que a uno mismo, a la propia estimación… Esto se produce en el interior del capullo, durante esa media hora… Teresa de Ávila nos había dicho que en las personas humildes los recorridos se hacen mucho más rápidamente, y por eso también declara que Dios no concede este regalo de la oración de unión «sino a un alma que tiene ya por suya», es decir, a un discípulo que ya se halla desde hace mucho tiempo empeñado en la batalla y la barahúnda, en morir al pecado y a sí mismo, y en amar al prójimo más y más.

Recordemos que las moradas no son el escondite para quien desea fugarse del mundo y resguardarse en un colchón de rosas y gratas sensaciones alienantes. Son la expresión de la transformación del hombre viejo en el hombre nuevo. Por esto mismo, precisa Teresa, existe otra vía para entrar en las moradas quintas, y es seguir la voluntad de Dios. ¿Y cuál es esa voluntad? Amar a Dios y al prójimo. Pero, indica, la señal más clara de que se va por la buena senda está en esforzarse por amar al prójimo, «porque si amamos a Dios no se puede saber», aunque existan indicios grandes en este sentido también. Pero es amando al prójimo que se está seguro de avanzar en el amor a Dios, y «procuremos irnos entendiendo en cosas aun menudas y no haciendo caso de unas muy grandes».

Los frutos de la unión con Dios son el deseo de la entrega de la propia vida, la determinación de hacer grandes cosas por él para aliviar el dolor que produce ver que Dios es olvidado y «poco estimado en este mundo», las ganas de orar más, de alabar a Dios, y el anhelo por ser santos, porque ahora no parece ser tan difícil el serlo, puesto que Dios ayuda tanto… Uno queda como esa mariposa blanca, que busca reacomodarse en un mundo que de algún modo le resulta pobre y extraño. Como los apóstoles que debieron bajar del monte luego de ver a Jesús deslumbrando con su gloria. Y de esto, también tenemos experiencia.

KC

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Tomado de: http://elperiodicodemexico.com/ y http://www.religionenlibertad.com/

Isabel de la Trinidad, por Miguel Márquez

En la entraña transparente belleza. Redondez del mundo. Circularidad y todo. En las entrañas de Dios, la vida y el mundo entero… misericordia.

Escucha atenta de lo que no conocemos. Ingenuidad que se abre a lo imposible. Apertura a dejarse inundar. Atrevimiento de quien se deja sumergir, sacar a la verdad.

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Taller Oracion con Isabel de La Trinidad, por Miguel Márquez by abunadi