Hermano Lorenzo, por Miguel Márquez

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“Cómo cocinamos la vida con los materiales que tenemos para hacer feliz a los demás, lo que importa es si estás acogiendo, con la fe de un granito de mostaza aquello que es vida en ti.

Semilla, invitación a dejar que la semilla germine para alimentar la vida de los demás.

Ser portadores de una bendición, cocinar la vida y hacer las sandalias,  sosteniendo la vida de los demás, protegiendo el suelo que pisa, abrigando las inseguridades de la vida.

Un hombre atravesado por el barro de lo humano y las contradicciones de la vida.

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Queremos presentar una figura entrañable del Carmelo Descalzo, una figura silenciosa, casi desconocida, pero que pensamos tiene mucho que aportar, para todos aquellos hombre y mujeres que buscan a Dios en el camino de la contemplación. La ofrecemos especialmente para todas aquellas personas que no disponen de mucho tiempo para dedicarse a la oración, pero que sienten en su corazón el deseo de Dios, de Dios sólo. Se la ofrecemos también a todas aquellas personas que viven en el ajetreo de una vida rápida, a veces hasta desquiciante, con el deseo, que en su vida aparezca el sosiego de la presencia del Dios cercano, que busca su amistad y compañía.

El Hermano Lorenzo nació con el nombre de Nicolás Herman, alrededor de 1610, en Heri-menil, Lorraine (Francia

Desgraciadamente, hay pocos datos de su juventud. Él aprendió principios cristianos de sus padres Dominic y Louise, con quienes constituía una familia modesta. Aunque Nicolás tenía sobrada inteligencia, aparentemente no le pudieron otorgar oportunidad de estudiar. No se sabe si Nicolás tuvo hermanos o hermanas, cómo pasó su niñez, acerca de su instrucción escolar, o su primer trabajo.

Conversión y primeras experiencias de vida

Sin embargo, es claro que a la edad de 18 años tuvo su primera experiencia espiritual: la conversión. Durante ese invierno, mientras veía a un árbol perder sus hojas, consideraba que dentro de poco tiempo las hojas se renovarían, y más tarde vendrían las flores y finalmente aparecería el fruto. A través de esta sencilla observación cotidiana, Nicolás recibió una impactante visión de la providencia y del poder de Dios que nunca pudo olvidar. Esta visión despertó en él un profundo amor a Dios y un deseo cada vez mayor de apartarse del mundo. Desde entonces se dedicó mucho a la lectura y a la vida espiritual.

Sin embargo, Nicolás no ingresó en este tiempo, como pudiera pensarse, a la vida religiosa, sino al servicio militar, durante el agitado período de la terrible Guerra de los Treinta Años. Allí fue apresado por tropas germanas, y, sospechoso de ser un espía, fue amenazado de muerte. Sin embargo, él pudo probar su inocencia. Más tarde se reunió con las tropas de Lorraine, pero fue herido durante el sitio de Rambervillers, en 1635, desde donde regresó a la casa de sus padres. La herida recibida en la guerra le afectó el nervio ciático, debido a lo cual quedó cojo por el resto de su vida, sufriendo dolores crónicos.

No es posible saber si fue durante su vida como soldado, o con posterioridad a ella, que participó de pecados que más tarde le harían lamentar, y recordar con dolor, como «desórdenes de su juventud» o «pecados de su vida pasada». Lo cierto es que, llevado por el deseo de enmendar su vida, y entregar de una vez a Dios lo que le había ofrecido cuando tuvo aquella primera experiencia espiritual, decidió hacerse ermitaño.

Junto a otros que tenían la misma intención, se apartó para vivir en soledad. Sin embargo, a poco andar pudo darse cuenta que no estaba preparado para esa clase de vida, y la abandonó. Se dedicó entonces a servir como criado y lacayo de algunos aristócratas en París. En ese servicio se describió a sí mismo como muy torpe, tanto, que quebraba todo a su alrededor.

(Tomado de Monasterio de Batuecas )

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El Halcón y la Rama

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A un rey le obsequiaron dos pichones de halcón. Este, los entregó inmediatamente al maestro de cetrería para que los entrenara. Después de varios meses, el instructor le comunicó al rey que uno de los halcones estaba bien educado, pero no sabía qué le pasaba al otro. Desde que había llegado al palacio, no se había movido de la rama, incluso había que llevarle el alimento.

El rey mandó llamar a sanadores y curanderos pero ninguno pudo lograr que el ave volara. Desesperado, hizo público un edicto en el que proclamaba una recompensa para aquel que hiciera volar al halcón. A la mañana siguiente, el rey vio al ave volando en sus jardines.

– Traedme al autor de este milagro. Ante el rey apareció un campesino. El rey le preguntó:
– ¿Cómo lograste que el halcón volara? ¿Acaso eres mago?
– No, fue muy difícil – explicó sonriendo el hombre. – Tan solo corté la rama. En ese momento al ave no le quedó otra alternativa que echar a volar.

 

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Hijas de Dios, monja carmelita y transexuales

Hijas de DIos, Neuquem con Monica Astorga

Hubo un auténtico encuentro de dos mundos en Neuquén. Mónica, monja de clausura de las Carmelitas Descalzas, trabaja desde hace 9 años con las mujeres trans y las ayuda a salir de la prostitución y juntas encontrar nuevos horizontes.

El primer encuentro fue en la capilla del convento y la monja quedó impactada cuando después de orar, Romina le contó su sueño: “Tener una cama limpia donde morir”.

Desde entonces varias de las mujeres trans que entraron por primera vez en una parroquia y hasta fueron escuchadas por alguien de la Iglesia, armaron tallares de peluquería, costura y hasta estudian para trabajar como acompañantes de adultos mayores.

Cuando la hermana Mónica le escribió al Papa Francisco para contarle la misión y el desafío, recibió una carta del Vaticano: “Mónica no te apartes de este trabajo de frontera que Dios te puso en el camino. Con tanta marginación, las mujeres trans son los leprosos de la época de Jesús. No bajes los brazos”.

Retiro Santa Teresita por Fr. Miguel Márquez

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“LLUVIA DE ROSAS”

Retiro sobre Santa Teresita de Lisieux  en el Carmelo de Plaza de España

Santo Rosario a Nuestra Madre, la Reina y Señora del Carmelo……

Con Fr. Miguel Márquez anduvimos por el “Caminito” de la confianza en Dios de Santa Teresita de Lisieux, aceptando nuestra pobreza y dejándonos amar por Dios…

Adoramos en silencio… y acabamos con la Santa Misa.