De Belén a Jerusalem (Figuritas de Semana Santa)

Según dicen, la primera representación del “Portal de Belén se le atribuye a San Francisco” en Italia a principios del siglo XIII d.C. Esta escenificación consistió en un “Belén Viviente”, con la “mula y el buey incluidos” en la provincia italiana de Rieti. San Francisco
construyó un portal de madera y paja, donde se representaron algunas de las escenas anteriores y posteriores al nacimiento de Jesús. Esta brillante y feliz idea se fue extendiendo por otras localidades y, finalmente, pasó a los hogares italianos.

Otras fuentes indican que proviene del siglo XV, desde Nápoles, el lugar donde se elaboró, en barro, el primer conjunto de figuras del Belén y que, en el siglo XVIII,  el Rey Carlos III, fue quién impulsó su extensión por toda España.

Sea como sea, hace un par de semanas, entrando a Misa a una iglesia que para mi tiene un significado especial, la que está en Ferráz, Inmaculado Corazón de María, me encontré algo que no esperaba. Al principio, de lejos pensé: ¿Un Belén en Semana Santa?. No, no era un Belén, era Jerusalem.

Conozco al párroco, Jaime Aceña, desde hace más de 20 años. El fue quien propició mi entrada a la Espiritualidad Carmelitana, y me dijo que estas figuras y detalles los ha hecho un padre Claretiano, y la verdad, que hice unas fotos, y quiero compartirlas, porque tienen arte, trabajo, laboriosidad, y uno identifica fácilmente, se mete muy bien en las distintas escenas que representa, que es como un pequeño Vía Crucis que podemos ir siguiendo haciendo oración.

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Santa Teresa de Jesús y el Greco: Caminos hacia lo inefable

María Jesús Pérez Ortiz
Filóloga, catedrática y escritora
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En “El Libro de su Vida”, así nos describe la santa su primera visión del Salvador: “Vile con los ojos del alma más claramente que le pudiera ver con los ojos del cuerpo”. Asimismo, nos explica su primer encuentro unitivo con Cristo en 1562 diciendo que ve su alma como un claro espejo, en cuyo centro aparece Cristo “como le suele ver”, pero con la diferencia de que “este espejo se esculpía todo en el mismo Señor”. Está movida por el amor, por un amor sublime e infinito a Cristo, con desasimiento de lo terreno, hasta convertirlo en puro y desinteresado amor a Dios, en el sentido del soneto “No me mueve, mi Dios, para quererte”, una de las joyas de la poesía mística en lengua castellana y donde podemos sentir ese amor desinteresado, que anticipa la mística franciscana: “No me mueve, mi Dios, para quererte/el cielo que me tienes prometido,/ni me mueve el infierno tan temido/para dejar por eso de ofenderte.// Tú me mueves, Señor, muéveme el verte/clavado en una cruz y escarnecido, /muéveme ver tu cuerpo tan herido, /muévenme tus afrentas y tu muerte. // Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera, /que aunque no hubiera cielo, yo te amara, /y aunque no hubiera infierno, te temiera. //No me tienes que dar porque te quiera, /pues aunque lo que espero no esperara, /lo mismo que te quiero te quisiera.” Un amor que nace limpio y hondo de la dolorosa contemplación del martirio con que Cristo rescata a la humanidad.

Asimismo, sería interesante referir en este artículo las similitudes de El Greco con los místicos españoles y en especial con la Santa a la que hoy, recordamos. Ambos tenían una especial propensión a interpretar lo espiritual mediante colores y formas visibles. Hugo Kherer destaca el rojo “místico” de Santa Teresa en la paleta de El Greco y también el blanco armonizando con los rojos. Es muy posible que el pintor conociera a la santa y leyera sus textos, especialmente “El libro de su Vida”, pues ambos vivieron en Toledo en la misma época. Además, compartían amistad con el teólogo Diego de Covarrubias, por lo que resultaría probable que El Greco y la Santa fundadora, de temperamentos similares, iniciaran juntos, aunque por derroteros distintos, el camino de ascensión hacia lo inefable que concede a las formas naturales cualidades ultraterrenas. Ambos revelan un carácter alucinatorio tal vez relacionado con la común influencia de la meditación imaginativa de San Ignacio de Loyola. Es cierto que Santa Teresa estuvo bajo la influencia de los jesuitas: “Habían venido aquí los de la Compañía de Jesús, a quien yo era muy aficionada de sólo saber el modo que llevaban…de oración”. “En cosas del cielo…era mi entendimiento tan grosero que jamás las pude imaginar, hasta que por otro modo el Señor me las representó”. “Representar por otro modo”, es decir, místicamente, semeja el verdadero principio de El Greco.

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La predilección por la figura de un bello Cristo crucificado y glorificado después de su Resurrección, así como por otros temas nos lleva a percibir ciertos paralelismos entre los escritos de la Santa y determinados secretos místicos del pintor. Una obra cumbre y harto conocida de El Greco, “El Caballero de la mano en el pecho” (1580), muestra a un hombre de mediana edad, ropa elegante, barba y mirada melancólica… Santa Teresa retrata, asimismo, con su pluma a un caballero de su tiempo, cuya descripción bien podía haber sido utilizada como boceto para el retrato del pintor: “Un caballero santo…de vida tan ejemplar y virtuosa y de tanta oración y caridad que en todo él resplandece su bondad y perfección…” Además Santa Teresa comparte con el Greco el entusiasmo por la belleza de las manos, bellas manos espiritualizadas posee “El Caballero de la mano en el pecho”. La Santa ve en sus visiones las manos de Nuestro Señor, y su belleza le arrebata: “Quiso el Señor mostrarme solas las manos con tan grandísima hermosura, que no lo podría yo encarecer”. Texto que evidencia la expresividad psicológica de un retrato espiritualizado y, muy especialmente, de unas manos espiritualizadas.

Y no puedo dejar de aludir, queridos lectores, a la obra maestra de El Greco, “El Expolio”, ese impresionante cuadro de la catedral de Toledo, donde lo divino eclipsa a lo humano en aquella para Cristo la más humillante escena. Inmensa belleza y grandeza combinadas con humildad; sufrimiento de Nuestro Señor cuyo rostro irradia”una serenidad tan sublime… y una resignación en su mirada tan llena de infinita esperanza…”; digno padecimiento escogido por amor; tristeza divina entre una turba que le humilla y blasfema. Magnífico ejemplo de dignidad humana a la luz de lo divino. Ojos de Cristo mirando hacia el cielo, mientras con su mano toca su pecho, como expresión de plegaria y de dolor, en palabras de Al. Busuioceanu. Todo un ejemplo de mística y de verdadera verdad. El Cristo de las visiones de Santa Teresa es muy similar al del impresionante cuadro del Greco. En primer lugar su incomparable belleza: “De ver a Cristo me quedó impresa su grandísima hermosura…” En segundo lugar, nos sobrecoge La Majestad y la humildad en bellísima conjunción. En tercer lugar, Santa Teresa aprende cómo es el misterio de un alma sublime, encarnada en un cuerpo que padece y sufre hasta la extenuación por amor. Y todo esto podemos contemplar en esa grandiosa pintura. Asimismo, la Santa carmelita, en una de sus visiones, se ve a sí misma como a Cristo, rodeada por una turbamulta que la amenaza y, como Cristo, eleva sus ojos al Cielo: “Vime estando en oración en un gran campo a solas, en derredor de mí mucha gente de diferentes maneras que me tenían rodeada…Alcé los ojos al Cielo y vi a Cristo…que tendía la mano hacia mí…” Dignidad de Cristo inocente y sufridor. Toda una lección de amor. AMOR, con mayúscula, sublimado con la paleta del pintor y la palabra poética de la santa.

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Fuente: Alhama.com

El convento de Carmelitas Descalzos de Medina tantea poner en marcha una hospedería

Adecuarse a este tiempo y no perder el espíritu de siempre es lo que tratan de hacer muchas comunidades.

Os presento información del Convento de Medina del Campo

La comunidad de los Padres Carmelitas Descalzos de Medina del Campo está manteniendo conversaciones con diversas empresas para conocer si es posible poner en marcha, en una de las partes del antiguo convento, una hospedería.

Por el momento, no habría nada cerrado, según explicó el prior de la orden, Francisco Oreja, quien confirmó estas conversaciones.

«Es cierto que estemos mantenido conversaciones con algunas empresas, ya que la comunidad está interesada en sacar fruto al convento, un edificio de gran tamaño cuyos gastos son elevados y pensamos que puede tener otro rendimiento y otras posibilidades que serían beneficiosas para todos», explicó Oreja que, con mucha cautela, quiso dejar claro que «no hay nada cerrado por el momento y son conversaciones que estamos teniendo para ver cómo se puede organizar todo».

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Tomado de El Norte de Castilla

Biografía del silencio

10872203-17980592Ficha Técnica

Título: Biografía del silencio. Breve ensayo sobre meditación
Autor: Pablo d’Ors
Edita: Siruela, Madrid, 2016, 21ª edición
Colección: Biblioteca de Ensayo (Serie Menor)
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 112
ISBN: 978-84-9841-838-5
Precio: 11,95 euros

Nos encontramos ante un libro pequeño, pero un gran libro. Un texto que no es nuevo, puesto que lleva ya veintiuna ediciones con más de cien mil ejemplares vendidos. Y porque su autor, Pablo d’Ors, llena las salas en las que habla del silencio y de la meditación, con personas que añoran su interioridad inmersas como están en un mundo que tiene horror al silencio.

También nos hallamos ante una obra de difícil clasificación. No se trata de un sistema de autoayuda, tampoco de un manual sistematizado para aprender a meditar, ni de un tratado filosófico lleno de conceptos abstractos. La cuestión es que participa de todos ellos y de algunos más. Por lo que comentarlo con detalles se presenta como una tarea cuasi imposible.

Lo que sí es acertado es su título, ya que se trata de la biografía de alguien que nos invita a seguir su senda, si nos place y consideramos adecuada, en su relación con la meditación, que, en la obra, es prácticamente un sinónimo del silencio. Silencio exterior y silencio interior también.

Meditar

La primera aproximación al libro se nos aparece como una encrucijada de caminos de los que desconocemos por qué derroteros nos llevará. Porque la primera dificultad es saber qué entendemos por meditación. En efecto: basta con echar un vistazo al panorama meditativo para que nos surjan muy diversos tipos: la budista o completa de la mente, la zazen, la trascendental, la vipassana o penetrante, la kabbalah, la mantra, la sufí, la dzoghen, la dinámica de Osho o kundalini, la metta bhavana, o la que puede acompañar al yoga en sus variantes, sin olvidar otras como la que proponía Ignacio de Loyola en sus Ejercicios Espirituales.

Pablo d’Ors no se refiere a ninguna de ellas en concreto. Por el contrario, nos narra cómo, de manera autodidacta, comenzó a meditar y, a raíz de algunas citas de su texto, nos expresa su inclinación por la meditación budista zen; nos cuenta sus experiencias, sus dificultades y cómo vive en la actualidad su meditación, su “sentada”, como él la llama, un camino espiritual que ha sido configurado por él y que intenta explicar en su obra. Para concluir en que, para meditar, no hay que detenerse en tanta teoría, sino, por el contrario, dedicarse a practicarla.

Es cierto que nos da una serie de consejos para llevar a cabo una buena meditación: tiempo diario que hay que dedicarle, la preparación del escenario donde llevarla a cabo, la postura corporal que es conveniente adoptar. Y nos advierte de las dificultades que encontraremos, para que no nos lleven a abandonar la meditación sino a insistir en ella: las molestias físicas de la postura adoptada, los embates del pensamiento que tienden a distraernos, lo que Santa Teresa llamaba “la loca de la casa”, el peligro de la rutina, etc.

Así, por ejemplo, nos dice: “En la meditación silenciosa y en quietud no hay adornos ni florituras: basta una habitación que no esté demasiado caldeada ni demasiado fría; basta un banquito o un cojín para sentarse y una esterilla; acaso incienso muy suave, o incluso un pequeño altar con una vela encendida … Todo está al servicio del recogimiento, todo invita a la interiorización”. Y evita instrumentos válidos en otros tipos de meditación, como recurrir a la imaginación, tal y como ocurre en la meditación ignaciana, o a la música.

Y, a la hora de emprender la lectura de este valioso libro, hemos de pensar que, si bien sus pequeños capítulos mantienen una ilación expositiva, sin embargo, permite por lo general que se puedan leer separadamente, constituyendo cada uno de ellos un mensaje sobre el que reflexionar.

Ejemplos útiles

Espigamos del texto algunas definiciones de meditar. Nos dice d’Ors: “Solo hay que pararse, callar, escuchar y mirar; aunque pararse, callar, escuchar y mirar -y eso es meditar- se nos haga hoy tan difícil y hayamos tenido que inventar un método para algo tan elemental”. O, en otro capítulo: “La meditación es una iniciación a la vida adulta: un despertar a lo que somos”. “Meditar es, fundamentalmente, sentarse en silencio, y sentarse en silencio es, fundamentalmente, observar los movimientos de la propia mente”. “La práctica de la meditación a la que me estoy refiriendo puede seguramente resumirse en saber estar aquí y ahora. No otro lugar, no otro tiempo”.

Detengámonos ahora en algunos de los resultados de la meditación. Hablándonos del silencio, nos dice d’Ors que no tiene nada de particular, sino que es el marco o el contexto que posibilita todo lo demás. ¿Y qué es todo lo demás? Nada, nada en absoluto, simplemente la vida misma que discurre; aunque puntualiza que, lo mismo que dice nada, puede decir todo. Por supuesto, no se detiene en el concepto filosófico de la nada, que afirma que la nada no existe. Se refiere, más bien, a un vaciamiento interior; nos explica: “fue un gran logro comprender, y empezar a vivir, que yo podía estar sin pensar, sin proyectar, sin imaginar, estar sin aprovechar, sin rendir: un estar en el mundo, un con-fundirme con él, un ser del mundo y el mundo mismo sin las cartesianas divisiones o distinciones”. Y, más adelante: “Gracias a la meditación he ido descubriendo que no hay yo y mundo, sino que mundo y yo son una misma y única cosa. La consecuencia natural de semejante hallazgo […] es la compasión hacia todo ser viviente”, una convicción que aleja cualquier suspicacia de egoísmo por parte de quien medita, por tener la apariencia de querer separarse de los demás para dedicarse a uno mismo. De hecho, aunque de manera tangencial, propone como buena opción el procurar meditar junto a otras personas.

A lo largo de su relato, el autor nos apunta orientaciones sobre aspectos concretos que surgen o pueden surgir en quien medita. Por ejemplo, es habitual que seamos nostálgicos de la felicidad pasada; sin embargo, d’Ors lo considera un intento absurdo, pues es imposible rastrearla; para él, la felicidad es percepción del momento, y si nos limitamos a ese percibir llegaríamos, por fin, a lo que somos, una meta perseguida en el meditar. Gracias a la meditación, se aprende a no querer ir a ningún lugar distinto del que se está: se quiere estar en el que está, pero plenamente.

Otro ejemplo: cómo actuar ante el dolor. Son estas sus palabras: “conectar con el propio dolor y con el dolor del mundo es la única forma, demostrable, para derrocar al principal de los ídolos, que no es otro que el bienestar. Para lograr tal conexión con el dolor es preciso hacer exactamente lo contrario a lo que nos han enseñado: no correr, sino parar; no esforzarse, sino abandonarse; no proponerse metas, sino simplemente estar ahí”. Sí, estar ahí con esa realidad, ya que los ideales, como el sueño de una vida sin dolor, son perniciosos, mientras que la realidad, sea la que sea, es liberadora.

Asunción de las propias responsabilidades es otro producto de la meditación. Llega el momento de no culpar a nada, a las circunstancias, ni a nadie de lo que nos acontece. Se logra evitar eso a lo que tan acostumbrados estamos, buscando responsables, cuando la dirección de la flecha indicadora, como si imantada estuviera, apunta hacia nosotros mismos.

Si alguna cita podría resumir el contenido de este bello libro, sería la del propio autor: “El camino de la meditación es por ello el del desapego, el de la ruptura de los esquemas mentales o prejuicios: es un irse desnudando hasta que se termina por comprobar que se está mucho mejor desnudo”. Es ahí donde nos encontramos a nosotros mismos, donde nos hacemos conscientes de la vida que pasa y nos limitamos a percibirla, sentirla y gozarla, libres de toda traba. Porque, según el autor, “la vida es un viaje espléndido, y para vivirla solo hay una cosa que debe evitarse: el miedo”.

Se podría seguir aportando aspectos concretos que d’Ors aborda en el libro. Pero eso sería casi reproducirlo por completo, pues no son extensas sus reflexiones, aunque sí profundas. Sirvan como invitación a sumergirnos en su lectura los ejemplos expuestos.

Concluyendo

Este es un libro para ser leído con detenimiento. Pero, sobre todo, para ser releído, para ser gustado y paladeado. A muchos de sus lectores les ha llevado a sumarse a los Amigos del Desierto, grupo creado por d’Ors y que cuenta con sedes en algunas ciudades españolas; un grupo que es más una congregación de solitarios que una comunidad. Pero que, a no dudar, servirá a cuantos sienten una inquietud interior que les lleva a desear algo más que ver pasar la vida como un simple observador, sin vivirla con plenitud. El autor nos invita a ese adentrarnos en nuestro interior, a vaciarnos para, desde la desnudez absoluta, encontrarnos y llenarnos de la plenitud de saber que soy yo.

D’Ors no propone un listado de capítulos, pero sí, al final de la obra incluye una guía que nos oriente en la lectura de la obra y que figura con los siguientes títulos:

Guía para la Biografía del silencio

1. Espíritu de principiante
2. Revolver el lodo
3. Las olas de las distracciones
4. Resistencias y perseverancia
5. Demasiadas búsquedas
6. El arte de la espera
7. El asombro de estar presente
8. La felicidad es percepción
9. Todo cambia
10. Yo soy el universo
11. Rutina y creatividad
12. La conciencia es la unidad consigo mismo
13. Matar los sueños
14. Me gusta o no me gusta
15. Calidad de las sentadas
16. Vislumbres de lo Real
17. Postraciones rituales y existenciales
18. Pensar menos
19. La sonrisa del maestro interioridad
20. La propia porción de dolor
21. El iceberg es solo agua
22. La puerta sin puerta
23. Falsos problemas
24. Oportunidades del destino
25. El silencio en quietud
26. El poder del ahora
27. Enamorados del drama
28. Observar la mente es el camino
29. Responsables de nuestro estar bien o mal
30. El escenario vacío
31. La única gran pregunta
32. Un largo proceso de decepción
33. Muerte de las ideas
34. Una llamada misteriosa
35. Ratas de biblioteca
36. Congregación de solitarios
37. El maestro de meditación
38. La mirada lateral
39. Frutos de la meditación
40. El pequeño yo
41. Preferencia por el no-hacer
42. Todo depende de nosotros
43. El dilema de la vida
44. Nacer dos veces
45. La vía purgativa
46. El país de la conciencia
47. El testigo del testigo
48. Ética de la atención del cuidado
49. La motivación inicial y las posteriores

10872203-17980593Notas sobre el autor

Pablo d’Ors (Madrid, 1963) es sacerdote católico, escritor y, por expresa designación del Papa Francisco, consejero cultural del Vaticano. Tras conocer a Franz Jalics, funda en 2014 la asociación Amigos del Desierto, cuyo propósito es profundizar y promover la práctica de la meditación. Ha publicado, entre otros libros, la llamadaTrilog ía del silencio, conformada por El amigo del desierto (2009), El olvido de sí (2013) y Biografía del silencio (2012), que comentamos y que ha constituido un auténtico fenómeno editorial.

 

 

Días de Silencio y Oración, Avila (Miguel Márquez)

Han llegado los Reyes Magos:

Os presentamos los audios de los días de Silencio y Oración en Ávila con Miguel Márquez, para descargar, con todos los anteriores que tenemos en la plataforma Ivoox, que son actualmente 136 audios (desde 02/05/2011), que se pueden oír también en iTunes.

En Ivoox

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En Itunes, Iphone, Ipad:

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‘Búscate en mí’

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El arzobispo de Madrid, el cardenal Carlos Osoro, presentará su libro ‘Búscate en mí. Los jóvenes conversan con Jesús’ en la vigilia de este viernes

Fue tras la Jornada Mundial de la Juventud de Cracovia, en julio del año pasado, cuando el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, decidió plasmar en un libro lo que durante tantos años ha venido transmitiendo a jóvenes de distintas generaciones, «las grandes catequesis cristianas desde el inicio mismo de la Iglesia». También le animó la celebración del Año de la Misericordia, y así nació Búscate en mí. Los jóvenes conversan con Jesús (PPC), que presentará a los jóvenes de Madrid hoy viernes, Epifanía del Señor, en la vigilia de oración que comparte con ellos cada primera semana de mes.

El título nos lleva hasta santa Teresa de Jesús, pues «Búscate en mí» es una frase que un día oyó la santa andariega en la oración y que después comentó en uno de sus poemas. «En el fondo, es la pregunta que deseo que vosotros mismos respondáis: “Tú, joven de este siglo XXI, ¿dónde estás? ¿Quién eres?”. Cuando el ser humano se encuentra a sí mismo, entonces busca a Dios y se lanza a dar a los demás la bondad, la verdad y la belleza que ha encontrado. A todo eso te invito con este libro», explica el propio purpurado.

La obra está conformada por tres capítulos, en los que el cardenal Osoro aborda las oraciones del padrenuestro, el avemaría y el credo frase por frase, incluyendo algún dibujo suyo. Y no se trata de un libro al uso, sino, como él mismo dice, de «un libro que entre todos sigamos escribiendo con la convicción de que Dios es real y se manifiesta en todas partes». Por ello, al final de cada capítulo hay un apartado titulado «Ahora te toca a ti», en el que los jóvenes pueden plasmar sus «descubrimientos y vivencias mediantes reflexiones, relatos, poemas y dibujos según se indica en cada ocasión».

 

Bendición (Miguel Márquez)

Ser Regalo, ser Bendición para vosotros y para los demás.

Feliz Año Nuevo 2017

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¡Estos días me ha dado tiempo para mucho!

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Que Dios te bendiga con la incomodidad,

frente a las respuestas fáciles, las medias verdades, las relaciones superficiales,

para que seas capaz de profundizar dentro de tu corazón.

Que Dios te bendiga con la ira,

frente a la injusticia, la opresión y la explotación de la gente,

para que puedas trabajar por la justicia, la libertad y la paz.

Que Dios te bendiga con lágrimas,

para derramarlas por aquellos que sufren el dolor, el rechazo, el hambre y la guerra,

para que seas capaz de estar a su lado,

reconfortándolos y convertir su dolor en alegría.

Que Dios te bendiga con suficiente locura,

para creer que Él puede hacer diferente este mundo con tu pobreza,

para que creas que Dios puede lo que otros proclaman imposible.

Que Dios te bendiga con la noche,

para que tus ojos se abran a una luz mayor, a una verdad por descubrir,

para que te haga entrar en comunión con la noche de los que ahora no ven,

para que descubras una mirada que siempre ha estado y siempre estará.

Que Dios te bendiga con la soledad y el abandono de todos,

para que empieces por fin a darte cuenta de quiénes son y de quién eres tú,

para que te descubras en tu desnuda verdad y aprendas a AMAR.

Que Dios te bendiga con el cansancio,

para que, por fin, descanses de ti mismo y de lograr,

para que aprendas a respirar, a estrenar, para que Dios descanse en ti y contigo.

Que Dios te bendiga con la pobreza, la desnudez y el vacío que te asusta,

para que gustes la verdadera riqueza, el don inapreciable,

y te dejes arropar y evangelizar por los pobres,

Que Dios te bendiga, que Dios nos bendiga,

a todos nuestros hermanos y hermanas, a todos nosotros, a vuestra familia,

a aquellos que os quieren, y a aquellos a los que tenemos que querer más,

que Dios nos bendiga como a él le dé la gana.

Atravesada de Amor, por Miguel Márquez

Lectura del santo evangelio según san Lucas (2,22-35):

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.» Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.» Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño.
Simeón los bendijo, diciendo a María su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma

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JEREMÍAS: “He puesto mis palabras en tu boca” (por Miguel Márquez)

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JEREMÍAS: “he puesto mis palabras en tu boca”

Dejarse enamorar… para que resuene Su Palabra

Jer 14 Entonces me fue dirigida la palabra de Yahveh en estos términos: 5 Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses, te tenía consagrado: yo profeta de las naciones te constituí. 6 Yo dije: “¡Ah, Señor Yahveh! Mira que no sé expresarme, que soy un muchacho.” 7 Y me dijo Yahveh: No digas: “Soy un muchacho”, pues adondequiera que yo te envíe irás, y todo lo que te mande dirás. 8 No les tengas miedo, que contigo estoy yo para salvarte ‑ oráculo de Yahveh ‑. 9 Entonces alargó Yahveh su mano y tocó mi boca. Y me dijo Yahveh: Mira que he puesto mis palabras en tu boca. (…) 17 Por tu parte, te apretarás la cintura, te alzarás y les dirás todo lo que yo te mande. No desmayes ante ellos, y no te haré yo desmayar delante de ellos; 18 pues, por mi parte, mira que hoy te he convertido en plaza fuerte, en pilar de hierro, en muralla de bronce frente a toda esta tierra, así se trate de los reyes de Judá como de sus jefes, de sus sacerdotes o del pueblo de la tierra. 19 Te harán la guerra, mas no podrán contigo, pues contigo estoy yo ‑ oráculo de Yahveh ‑ para salvarte.”

 

  • Dejarse enamorar / Seducir
  • Para que resuene Su Palabra
  • “No les tengas miedo” (Parresía)

 

“Cuando encontraba palabras tuyas,
las devoraba;
tus palabras eran mi delicia
y la alegría de mi corazón,
porque he sido consagrado a tu nombre,
Señor, Dios todopoderoso.”
Jer 15, 16