El silencio

El silencio

Era un malabarista de la palabra. Tenía esa rara habilidad de decir lo indecible en palabras simples. Había recibido ese don sin cultivarlo, como consecuencia natural de su propia sed al leer y escuchar la vida a cada paso. Le llamaban de aquí y de allí. Los que le oían quedaban convencidos, de modo misterioso, de las ideas que les proponía.

Algunos le habían sugerido dedicarse a la política, asegurándole un éxito indiscutible. Y, ciertamente, si hubiera querido emplear su arte en llevar a las gentes hacia un lado u otro, e incluso hacia su propia perdición, habría triunfado, haciendo mucho daño, si no fuera porque era un hombre leal, que no pretendía otra cosa que ser sincero.

Decían que mucha gente se había convertido al oír su palabra; habían retomado el buen camino y recuperado las sanas y piadosas costumbres. Habían descubierto un rostro de Dios más cercano, capaz de conmover a los más duros de corazón.

Hasta que, un día, le tocó a él también la suerte de la conversión y se fue a vivir debajo del puente. Dejó de disfrazarse y esconderse en las palabras para vivir desnudo, a la intemperie.

Entonces supo de desamparo, de frío, de soledad.

Y todos los que se habían convertido a través de su palabra recibieron, por fin, la firma que aseguraba, sin lugar a dudas, la verdad de su voz …  

EL SILENCIO Amanece en Malpica Miguel Márquez

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