Misa Sábado 28 de marzo IV Semana Carmelitas Madrid Plaza España

Sabado 28 de marzo: 4ª semana de cuaresma, 505 años del nacimiento de Santa Teresa de Ávila

Hace 15 años, un carmelita italiano escribió un librito sobre la santidad.

En aquel libro recoge los testimonios de varios santos y santas, antiguos y contemporáneos. Y puso un título bastante provocador que reza así:

“Los santos molestan”.

Los santos molestan por lo que son, por lo que viven, por lo que dicen, por lo que se hacen testigos, por lo que critican y por lo que denuncian.

Molestan porque muchas veces dicen lo que la gente no quiera oír, revelan lo que la gente quiera disimular, van ahí donde la mayoría huye, hacen lo que los otros no quieran hacer, etc.

Molestan por sus gestos heroicos, por sus actitudes a contracorriente, por sus palabras, como decía el autor de la Carta a los hebreos, “más cortantes que una espada de dos filos”.

Molestan, porque son gestos, actitudes y palabras proféticas, exactamente como fueron los gestos, las actitudes y las palabras de todos los profetas.

Hoy hemos escuchado el caso del profeta Jeremías.

Sus gentes tramaron quitarlo de medio, planearon matarlo porque con sus palabras se atrevió denunciar sus pecados, sus infidelidades, su idolatría.

Lo mismo sucedió con Jesús, el profeta por excelencia. Las palabras de Jesús crearon divisiones, discordias entre la gente; y por encima de todo, fueron motivos de escándalo para las autoridades religiosas (los sumos sacerdotes y los fariseos).

Por tanto, no solamente no acogieron esas palabras sino también rechazaron su persona, proyectaron su muerte.

Total, los profetas (como Jeremías, Jesús) pasaron por aquellos momentos más difíciles y sombríos, pasaron por la noche oscura de su existencia.

Y, sin embargo, en aquellos momentos precisamente brota lo más precioso de ellos, lo más hermoso de su existencia.

Del corazón y de la boca de Jeremías, en medio de sus apuros, salió una oración muy bonita: una oración de abandono, una oración de confianza total en Dios:

“Señor del universo, a ti he confiado mi causa”.

Jesús, ante los rechazos de su propia gente, ante las acusaciones, ante las traiciones y las condenas, hizo resplandecer el amor, el perdón, la misericordia; se entregó totalmente; hizo el don total de su vida.

Pues, encontramos lo mismo en nuestros santos.

San Juan de la Cruz, por el nuevo estilo de vida descalza que llevó, fue una molestia por los frailes. Así que lo secuestraron y lo pusieron en la cárcel.

Lo “confinaron” diríamos hoy, pero de modo forzado. Fue el año 1577, en Toledo. Sin embargo, de ahí brota uno de los poemas más bellos de la historia de espiritualidad y de la literatura universal: el cantico espiritual, el canto del alma enamorado.

Molestaban igualmente a las monjas, a la Orden, a las autoridades de la Iglesia, la reforma y las fundaciones de Teresa.

A ella le dijeron que era una monja “inquieta, andariega, desobediente, etc.”.

La mandaron a parar sus actividades, a no salir nunca más, y elegir un convento [escribe ella]

“para estar que es como manera de cárcel”.

Pues, ¡otro confinamiento obligatorio! En el mismo año 1577 y en el mismo lugar, Toledo. Sin embargo, de ahí también salió a la luz su obra maestra, su joya: las Moradas, el Castillo interior.

Ahí Teresa descubrió la grandeza y la riqueza del alma, el tesoro escondido en el alma: el alma es morada de Dios, morada de la santísima Trinidad.

Como los profetas, como san Juan de la Cruz, Santa Teresa, estamos pasando por momentos difíciles por esta pandemia.

NO es una simple molestia sino una realidad que duele, es una herida que se abre, un enemigo que aplasta y desarma.

Se tema que se colapsen muchas cosas: las UCIs, los hospitales, la economía, etc.

Pero hoy, más que nunca, estamos viendo cosas tan hermosas, estamos viendo testimonios muy entrañables: vemos que no se colapsan la solidaridad, la atención mutua, la gratuidad, el heroísmo.

Vemos que el confinamiento no puede colapsar el sentido de la vida familiar, la fraternidad, la comunión, el conocimiento reciproco.

Y, sobre todo poniendo nuestra confianza en Dios, podemos esperar que no se colapse nuestra fe, fe en Aquel que decía a sus apóstoles y a santa Teresa:

“¿De qué teméis?”,

“¿De qué temes?”,

“Aquí estoy”.

P. Dominique OCD

Invitamos a la jornada de oración por la salud y por la liberación, para aunarnos a todos los que padecen el contagio, a los que están solos en habitaciones o pasillos de hospital, por todos los sanitarios y los trabajadores que estos días no se rinden y arriesgan su vida para que no se pare la ayuda a muchos.

El lema de este día, con Teresa, las palabras de Jesús a la Santa y hacerlas vivas para nosotros y para todos:

Mira mis llagas; no estás sin mí…Cuentas de Conciencia 13, 10
Yo soy, no hayas miedo. CC 53, 22
¿De qué temes? V 26, 2
Aquí estoy CC 44, 3”

Todo el material para este día lo tenéis AQUÍ


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