Santa Teresa, patrona (también) de Murcia

Desde hace casi cuatro siglos y tras su elección por parte del Concejo, la religiosa tiene la misma condición que la Morenica

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Felipe IV ordenó en 1627 a sus ciudades que adoptaran a la religiosa, recién convertida en santa, como Patrona. Así se lo comunicó el Rey por carta al Concejo de Murcia, cuyos miembros se reunieron, como era costumbre, en la plaza de Santa Catalina, espacio público que también acogía audiencias y otros actos desde antiguo.

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¿Era la primera vez que la santa recibía esa dignidad? Ni la última. La religiosa ha sido nombrada Patrona de España en tres ocasiones. La primera fue en 1617, cuando todavía era beata, lo que poco le importó a Felipe III, quien ni siquiera esperó a que el Papa Gregorio XV elevara a la religiosa carmelitana a los altares el 12 de marzo de 1622. Cinco años después, Felipe IV insistió en el nombramiento. El Papa Urbano VIII, mediante un breve, anunciaría que, «de aquí en adelante, para siempre jamás» todos «tengan y reputen la dicha Santa Teresa por Patrona». Aunque, eso sí, «sin perjuicio o innovación alguna del Patronato de Santiago Apóstol en todos los reinos de España». Por última vez, las Cortes de Cádiz ratificaron el nombramiento en 1812. Curiosamente, los liberales apoyaron a la santa, frente a los conservadores, que apostaban por el apóstol.

La ocasión que aquí nos interesa es la segunda, en 1627. Tras la declaración del Papa, el Rey envió una carta a Murcia donde informaba al Concejo del breve apostólico y pedía que la religiosa fuera nombrada Patrona de la Ciudad. Además, recomendaba que Murcia, en las «necesidades» que tuviere, invocara su intercesión, y que el día de su festividad se organizara una «procesión solemne que vaya al monasterio de frailes carmelitas descalzos si lo hubiese en esta ciudad», al de sus religiosas o a «la iglesia que pareciere más a propósito».

Una fiesta y procesión

Leída la Orden Real, según consta en las actas capitulares de aquel día, aprobaron el nombramiento de Santa Teresa como Patrona «con el acatamiento y reverencia debidos». Para evitar cualquier interpretación posterior sobre el acuerdo y las sabrosas polémicas en las que se enzarzan los historiadores, el acta refleja textualmente la elección como «Patrona a la Bienaventurada madre Santa Teresa de Jesús, suplicando con humildad a la bienaventurada se digne ser tal Patrona y vecina como tal de esta ciudad y de su Reino». Igual que Murcia, medio centenar de ciudades acataron la voluntad del Rey.

El Concejo también acordó que «la fiesta y procesión solemne que su Majestad manda hacer se haga martes doce días de este presente mes», esto es, el martes día 12 de octubre de 1627, «último de su octava». Al desfile se convocaba a la ciudad y las autoridades, así como a «su bandera», a la que debían acompañar los «pendones que tienen obligación» de hacerlo.

Otra de las disposiciones establecía que el desfile debía dirigirse «al convento de Nuestra Señora del Carmen Extramuros», por no haber en la ciudad un monasterio de descalzos y «de los siete conventos de religiosas ninguno es de carmelitas».

¿Se celebró aquella procesión? Sin duda. De hecho, basta seguir la rebusca en las propias actas para encontrarse una anotación, apenas unas páginas después del acuerdo y que así reza: «Martes doce de octubre no hubo ayuntamiento porque la ciudad fue en procesión» al convento del Carmen y «asistió a la misa y sermón por el Patronazgo de la Bienaventurada Santa Teresa de Jesús».

De esta forma, la religiosa se convirtió en Patrona, aunque nunca los vecinos del común, que son al final quienes ponen y quitan santos de los altares, le dispensó demasiado fervor. Al menos, en lo tocante a los festejos. De hecho, también resulta un tanto desconocido que otro patrón de la ciudad es San Patricio. Se acordó en la sesión del Concejo celebrada el 1 de abril de 1452. Fue nombrado tras la batalla de Los Alporchones donde se enfrentaron, en las cercanías de Lorca, las tropas castellanas dirigidas por Alonso Fajardo el Bravo contra las del reino nazarí de Granada. Por aquellos años ya se veneraba a la Fuensanta, aunque tuvo que esperar hasta 1731, cuando fue proclamada «Patrona Principal de la Ciudad de Murcia». Entonces casi nadie recordaba que Santa Teresa ya lo era.

Tomado de La Verdad.ES

 

 

 

 

 

 

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