Las pequeñas cosas

El ser humano se mueve en el tiempo. Cada hora, cada minuto, cada segundo es irrepetible, pasa una vez y ya no regresa más. Algunos de ellos querríamos que no pasaran nunca, que fueran “eternos”, por eso tomamos fotos o las plasmamos en imágenes para tenerlos “presentes”.

Algunos son “oficiales”. El nacimiento, el casamiento, el final de la carrera…..; otros se convierten, de forma inesperada e inexplicable, en momentos trascendentales en la historia de cada persona. Me decía un médico, “conocí a mi novia en el autobús, ella llevaba un Rosario en la mano y se le desarmaron las cuentas. Le ayudé a recuperarlas nos reímos mucho y terminamos siendo novios…,nunca olvidaré ese instante.

Estos momentos pequeños, aparentemente insignificantes, pueden pasarnos desapercibidos si no estamos atentos.

Teresita de Lisieux, una de las místicas más influyentes de los últimos siglos, anota en su famoso libro autobiográfico, lo importante que fue para ella la celebración de la navidad. Siendo jovencita había ido, con toda la familia a la misa de medianoche, la llamada misa del gallo. Al regresar, como todos los años, le habían puesto regalos en unos zapatos. Cuando llegaron, su papá, al ver los zapatos, hizo un comentario despectivo, pensando que su hija no le escuchaba: ─”menos mal que ya es el último año de esto”, comentó, mostrando que estaba cansado de mimar a su hija todos los años, con el ritual de los regalos y el zapato. Teresita lo escuchó y, en lugar de echarse a llorar, como siempre hacía, se aguantó, tomó los zapatos, agradeció los regalos y se portó como si no se hubiese enterado del comentario paterno. Un hecho insignificante, pero para esta mística fue de capital importancia en su progreso espiritual, desde ese día pasó a ser otra joven totalmente distinta y ella misma comenta que fue “un despertar en todo su ser”.

Estar atento a esas vivencias que pueden parecer insignificantes nos hacen dar cambios, ver nuevas dimensiones, ser conscientes de realidades distintas, hasta entonces escondidas bajo el velo de la ignorancia y las costumbres.

Es un buen ejercicio espiritual recordar esas fechas, esos momentos especiales en tu vida para renovar los mensajes profundos que dejaron en tu alma, en tu espíritu.

Empieza por la niñez, la pubertad, la juventud…., Dios envíe mensajes en la vida cotidiana que a lo mejor dejaste escapar, renuévalos en tu corazón y sigue las huellas que han dejado marcadas. En tu vida, también hay, ¡encuéntralos!, fechas especiales

Gumersindo Meiriño Fernández

Tomado de Radio Cataratas

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