¿Qué hacemos con la ira? – 2 –

El enojo y la ira son emociones normales y necesarias para la superviviencia, pero como todo en la vida todo exceso es malo. Por eso ¡¡¡El que se enoja pierde …… la salud del corazón!!!!!

Nadie sale ganando ante la rabia desbocada. ¿A quién le gusta ser el receptor de los gritos de otro? ¿A quién le gusta sentir que el enfado le puede?

Todo el mundo tiene derecho a enfadarse y todas las emociones tienen su función. El hecho de que experimentes enojo no es un problema; la intensidad y la forma en la que lo manifiestes sí que puede llegar a serlo.

Puedes llegar a creer erróneamente que para controlar la ira tienes que suprimirla por completo, disimularla o incluso negarla. Sin embargo, con estas acciones lo único que conseguirás es dejarla escondida por un tiempo, creciendo furtivamente por tu interior y esperando cualquier mínimo hueco para salir con toda su fuerza.

Esto es lo que ocurre cuando intentas negar tu enfado y te lo vas guardando hasta que un día estalla de manera desproporcionada e injustificada. En ese momento, la ira desmedida no está respondiendo a un estímulo concreto, sino a todas las ocasiones anteriores en las que ha sido reprimida.

De ahí que sea recomendable ir expresando lo que te enfada de forma más gradual para que sea más fácil controlar la rabia, sin que ésta te controle a ti. Una ira mal gestionada tiene efectos negativos en el organismo y la mente de quien la experimenta y de quien  la recibe.

Veamos los efectos negativos de la ira y cómo pueden afectarte:

#1. La ira perjudica seriamente tu salud.

Te habrás dado cuenta de que al enfadarte te tensas, se contraen tus músculos y parece que te falta aire, ¿verdad? El esfuerzo que tiene que hacer tu cuerpo para acompañarte en esa emoción es monumental. Así que imagínate qué puede pasar si le sometes a esa activación constantemente.

En una revisión de estudios realizada por investigadores del Duke University Medical Center, de Durham, Carolina del Norte, se ha encontrado una elevación del 19% en el riesgo de enfermedad coronaria en aquellas personas que conviven con la ira y la depresión.

Esto significa que incorporar el enfado intenso como una práctica habitual en tu vida puede incrementar el riesgo de que padezcas enfermedades cardiovasculares.

La ira aumenta la activación del sistema simpático, liberando masivamente hormonas conocidas como catecolaminas (hormonas de estrés). Estas hormonas van a ir a fastidiar directamente a tu sistema cardiovascular, produciendo un aumento de la frecuencia cardiaca, de tu tensión arterial, y de la probabilidad de que puedan formarse en tu organismo trombos o un infarto de miocardio.

#2. La irá resta tus facultades cognitivas.

Piensas y razonas peor, ¿lo has notado? La ira, la frustración y la rabia, por lo general, van acompañadas de conductas poco reflexivas; un buen indicador de que cuando entras en cólera, te vuelves menos hábil para utilizar tus recursos cognitivos

El enojo hace que pienses peor, pues cuando estás más enfadado, utilizas la parte más primitiva del cerebro, inhibiendo el neocortex, concretamente el lóbulo frontal, encargado de controlar los impulsos.

Es decir, que cuando la furia se apodera de ti, se activa tu zona cerebral más primitiva. Así que ya sabes por qué estás en desventaja para razonar, atender la información, deducir etc. Por eso, en esos momentos notas que te cuesta escuchar, dialogar, negociar y generar pensamientos racionales.

De ahí que sea importante que pospongas la toma de decisiones o la negociación hasta que no estés relajado y desactivado, porque lo que digas o hagas en un momento de enojo puede no corresponderse a tu actuación en condiciones de tranquilidad.

#3. La irá hace que te tengan miedo.

Estallas y quien recibe esa agresividad puede reaccionar interpretando tu enfado como una amenaza a su integridad y equilibrio.

Si me siento intimidado por tu cólera, tenderé a huir de ti, procuraré evitarte. Incluso en el caso de que me pidas algo y yo acceda a complacerte, lo más probable es que lo haga por miedo a tu reacción de ira, no desde la libertad y el convencimiento de lo que me propones. ¿De qué te sirve salirte con la tuya a través del enfado si el otro acepta tus pretensiones desde el miedo, no desde la voluntad?

Al final, esas reacciones intensas y agresivas pueden contaminar las relaciones, y contribuir a que los demás tengan miedo a decirte lo que realmente piensan o sienten. Tus vínculos sociales pueden perder autenticidad, si el resto se siente cohibido e intimidado cuando explotas.

#4. La irá contamina la comunicación.

Se queda con lo que sobresale y omite el mensaje que le querías expresar. El fuego no deja ver nada más, y tus formas empañan el contenido.

La comunicación queda colapsada y lo que querías transmitir pierde fuerza y credibilidad. Permites que el receptor tenga motivos suficientes para invalidar la conversación.

#5. La irá origina más irá

Aunque tu cólera puede provocar miedo como hemos señalado, también puede generar, según con quien topes y las circunstancias, más agresividad.

Ante una amenaza reaccionamos huyendo o atacando, y esta segunda opción convierte el diálogo en una escalada de agresividad, un círculo vicioso del cual es muy difícil salir una vez que se ha abierto la veda de los disparos en ambos bandos.

¿Qué hacer con la ira?

 

 

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