Mañana

¿Qué pasaría si mostrar soluciones o contar historias que hacen el bien fuera la mejor manera de resolver los problemas ecológicos, económicos y sociales que tiene nuestro país? Siguiendo la publicación de un estudio que anunciaba la posible desaparición de parte de la humanidad de aquí a 2100, Cyril Dion y Mélanie Laurent se propusieron, junto a un equipo de cuatro personas, iniciar su propia investigación en diez países para averiguar qué podría estar provocando tal catástrofe y, sobre todo, cómo se podría evitar. Durante su viaje conocieron a pioneros que estaban reinventando la agricultura, la energía, la economía, la democracia y la educación. Poniendo en práctica estas iniciativas, concretas, positivas y que ya están en marcha en algunos lugares y demostrando que funcionan, los directores comenzaron a darse cuenta cómo podría ser el mundo del “Mañana”.

 

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LOS DIRECTORES

CYRIL DION es un reconocido activista que debuta en el cine con esta película.
MÉLANIE LAURENT es una conocida actriz, guionista y directora. Ha dirigido Les adoptés, Respire…

ENTREVISTA CON
LOS DIRECTORES

¿Cómo os conocisteis? ¿Cómo nació el proyecto?

Cyril Dion: La historia se remonta a 2011. En esa época, yo dirigía el Movimiento Colibrí, que había cofundado con Pierre Rabhi y otros amigos. Estábamos montando una operación llamada “Todos Candidatos”, cuyo objetivo era movilizar a un máximo de personas para la campaña presidencial de 2012.

Mélanie Laurent: Yo había conocido a Pierre Rabhi en una cena con Danielle Mitterrand. Me habló de la campaña, le dejé mi teléfono y Cyril me llamó unos días después para que participara. Convencí a mi hermano, a mi madre, a mis amigos, a mi pareja, a su hija…
CD: Enseguida, Mélanie quiso que le enseñara iniciativas que “cambien el mundo”… La llevé a la granja de Bec Hellouin, en Normandía, la de Perrine y Charles Hervé-Gruyer (que aparecen en MAÑANA). Por el camino, nos fuimos dando cuenta de que teníamos muchísimos gustos en común. Le hablé de mi proyecto de película que no conseguía montar. A medida que íbamos hablando, me di cuenta de que teníamos que hacerla juntos. No tardó ni un segundo en decirme que sí y se implicó totalmente.

La película arranca con un estudio científico publicado en la revista Nature en 2012. Este estudio, bastante devastador, anuncia un hundimiento generalizado de nuestros ecosistemas, lo que provoca el final de las condiciones de vida estables en la Tierra…

CD: Empecé a escribir la película en diciembre de 2010. En esa época, ya pensaba que no bastaba con anunciar las
catástrofes. Había que proponer una visión del futuro. Cada uno tiene que proyectarse, un poco como cuando la gente
sueña con su casa nueva y hacen planos con el arquitecto. Sólo que planos de arquitecto de la sociedad del mañana no existen. Mi primera intención era transformarlos en imágenes en una película…

Pero tenía demasiadas actividades diferentes como para ponerme en serio. En junio de 2012, sufrí un desgaste. Un mes después, descubrí el famoso estudio de Anthony Barnosky y Elizabeth Hadly. Nunca antes un estudio había tenido ese efecto sobre mí. Mi propio
hundimiento se veía reflejado en el hundimiento programado de la sociedad. Entonces pensé que había llegado la hora de hacer lo que me parecía más importante, y poner la película en marcha. Dimití de mi puesto en Colibrí y empecé a dedicar al proyecto la mayor parte de mi tiempo.
ML: Leí el estudio durante mi embarazo, me dejó impactada, me pasaba el día llorando y maldiciendo a Cyril por haberme sumido en tal estado de desesperación. Hasta descubrir el estudio, “sólo” se trataba de hacer una película positiva. De repente, se había convertido en una película necesaria y esto había sido un motor formidable. En mi vida de actriz, ya tenía muchos proyectos confirmados, pero anulé algunos para dedicarme a fondo a la tarea.
Agricultura, energía, la película aborda los temas clásicos de la ecología. Pero, de repente, nos arrastra en una historia más global y nos habla de economía, educación, política…
CD: Queríamos mostrar que todo está conectado, que no se pueden tratar los problemas por separado. La agricultura occidental, por ejemplo, es totalmente dependiente del petróleo. Cambiar el mundo agrícola significa cambiar también el modelo energético. Pero la transición energética cuesta cara, por eso hay que abordarla desde un punto de vista económico. Desgraciadamente la economía actual genera desigualdades y es responsable en grado sumo de la destrucción del planeta. Es necesario regularla democráticamente. Pero, para que una economía funcione, tiene que apoyarse en ciudadanos informados, que hayan sido educados para ser libres y responsables…

 

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