Las Moradas o Castillo Interior, VI Moradas Cap. 10 y 11 (15)

 

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Ante tantos detalles de Dios, la persona no acaba de sentirse reconfortada y pacíficamente anclada en Él. Al contrario, como va conociendo más y más la grandeza del amor de Dios, le crece igualmente el deseo de poseerle. Y experimenta el tormento de la ausencia. Aumenta el amor y el conocimiento de Dios, pero al mismo tiempo aumenta también la pena de no poder gozar de tan sumo bien.

 

No obstante, el alma considera que esta pena tan radical no deja de ser otra delicadeza más de Dios. Este deseo abisal de Dios, que comporta el desconsuelo de la lejanía, se convierte, sin embargo, en una de sus deferencias más exquisitas. Es el anhelo de totalidad que inunda la pequeñez del ser humano que ha avanzado en el conocimiento y amor de Dios (6M 11,6-9).

 

Las Moradas o Castillo Interior, VI Moradas Cap. 10 y 11 (15)

 

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