Ver llover, sentir llover, dejarse empapar

Debía ser así, todo como la primera vez, como el primer momento, recibir todo como una bendición, en lugar de guarecernos y no disfrutar de las cosas bellas, de la sorpresa, de dejarse empapar, de sentir, de no temer constiparse, la sobreprotección, de abrir los brazos y dejarse mojar, de ser feliz por algo que para muchos es tan cotidiano que se vuelve pesado, aburrido y gris.

Si el río no baja dos veces con el mismo agua, cada gota de lluvia es distinta, no llueve dos veces igual, aunque todo nos parezca lo mismo.

Sólo los que son como niños pueden ver la diferencia, gracias Kayden.

Déjate amar (Sor Isabel de la Trinidad)

DÉJATE AMAR

 

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1. Mi Madre querida, mi sacerdote santo. Cuando leáis estas páginas, vuestra pequeña Alabanza de gloria no cantará más en la tierra, sino habitará en el inmenso Hogar de amor. Podréis, por tanto, creerla y escucharla como “mensajero” del buen Dios. Madre querida, hubiera querido deciros todo lo que habéis sido para mí; pero la hora es tan grave, tan solemne… No quiero detenerme a deciros cosas que creería disminuirlas diciéndolas con palabras. Lo que va a hacer vuestra hija es revelaros lo que siente, o, con más verdad, lo que su Dios le ha hecho comprender en horas de profundo recogimiento, de contacto unificante.

2. “Vos sois amada extraordinariamente” amada con el amor de preferencia que tuvo el Maestro en la tierra hacia algunos y que los llevó tan lejos. El no os dice como a Pedro: “¿Me amas más que éstos?”. Madre, escuche lo que le dice: “¡Déjate amar más que éstos!”, es decir, sin temer que algún obstáculo sea obstáculo. Porque yo soy libre para derramar mi amor en quien me place. “Déjate amar más que éstos”, ésa es tu vocación, y siendo fiel a ella me harás feliz, porque engrandecerás el poder de mi amor. Este amor sabrá rehacer lo que hubieres deshecho. “Déjate amar más que éstos”.

3. Madre tan querida, ¡si supieseis con qué certeza comprendo el plan de Dios sobre vuestra alma! El se me presenta lleno de una inmensa luz, y comprendo que allá en el cielo voy a cumplir, a mi vez, un sacerdocio para vuestra alma. Es el Amor quien me asocia a su obra en vos. ¡Oh, Madre, cuán grande y adorable es de parte de Dios! ¡Qué simple para vos, y esto precisamente es lo que la hace tan luminosa! Madre, Déjese amar más que los otros. Esto explica todo e impide al alma extrañarse…

4. Si se lo permitís, vuestra pequeña hostia pasará su cielo en el fondo de vuestra alma. Ella os conservará en comunión con el Amor, creyendo al Amor; esto será la señal de su habitación en vos. ¡Oh, en qué intimidad vamos a vivir! Madre querida, que vuestra vida se desarrolle también en el cielo, donde cantaré en vuestro nombre el Sanctus eterno; no haré nada sin vos ante el trono de Dios. Sabéis bien que llevo vuestro sello y que algo de vos misma ha aparecido con vuestra hija delante de la Faz de Dios. Os pido también que no hagáis nada sin mí, me lo habéis permitido. Vendré a vivir en vos, y esta vez seré vuestra madrecita. Yo os instruiré, para que mi visión os aproveche, participéis en ella y así viváis la vida de los bienaventurados.

5. Madre venerada, madre consagrada para mí desde la eternidad, al partir os lego la vocación que fue mía en el seno de la Iglesia militante y que cumpliré en adelante incesantemente en la Iglesia triunfante: “Alabanza de gloria de la Santa Trinidad”. Madre, “Dejaos amar más que éstos”. Es de esta manera como vuestro Maestro quiere que vos seáis alabanza de gloria. El se alegra de construir (Col. 2, 7) en vos por su amor y para su gloria, y es El solo el que quiere obrar, aunque no hayáis hecho nada para obtener esta gracia, sino lo que hace la criatura: pecados y miserias… El os ama así. El os ama “más que a éstos”. El lo hará todo en vos, y llegará hasta el final; pues cuando un alma es amada por El hasta este punto, de esta manera, amada con un amor inmutable y creador, con un amor libre que transforma como a Él le agrada, ¡oh, qué lejos va esa alma!

6. Madre, la fidelidad que os pide el Maestro es de permanecer en comunión con el Amor, de derramaros, de enraizaros (Ef. 3, 17) en este Amor que quiere marcar vuestra alma con el sello de su potencia y grandeza. No seréis superficial si estáis despierta en el amor. Pero en las horas que no sintáis más que el decaimiento, el cansancio, le agradaréis todavía, si sois fiel en creer que El obra aún, que os ama de todos modos, y más aún: porque su amor es libre y es así como quiere engrandecerse en vos. Y vos os dejaréis amar “más que éstos”. Esto es, creo, lo que quiere decir… ¡Vivid en el fondo de vuestra alma! Mi Maestro me hace comprender con claridad que allí quiere crear cosas adorables. Estáis llamada a rendir homenaje a la simplicidad del Ser divino y a engrandecer la potencia de su Amor. Creed a su “mensajero” y leed estas líneas como venidas de El. [Isabel ilustra ahora sus convicciones con una larga cita de Santa Ángela de Foligno. Todo son palabras dirigidas por Jesús o el Espíritu Santo a Santa Ángela.]

7. “¡Oh, yo te amo, yo te amo más que a otras personas de este mundo!… Soy ‘yo’ quien vengo y te traigo la alegría desconocida… Voy a entrar en el fondo de ti. ¡Oh, mi esposa! ¡Me he posado y reposado en ti; ahora poséete y repósate en mí! ¡Ámame! ¡Toda tu vida me agradará con que me ames!… ¡Haré en ti grandes cosas, seré conocido en ti, glorificado, clarificado en ti!…”

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Déjate amar, Fr. Miguel Márquez

 

 

Para Descargar Audio Déjate Amar, Fr. Miguel Márquez MP3

Días de silencio en Ávila, a final de julio  principios de agosto de este año, días de disponerse, receptividad, acoger, respirar hondo, sanear, dar con aquello que simplifica, que centra, que te hace respirar.

Adoptar la postura adecuada para cada situación.

Acogemos como nos invita el Espíritu a posicionarme, y lo noto cuando algo se serena, se dispone en mi.

Invitamos a respirar, acoger y soltar, para poder abrazar la vida.

Una de las palabras claves para nosotros, es lo que dijo Elías, el camino es superior a tus fuerzas, no juegues a poder, mira a ver en quién estás confiando, en quién se apoya tu camino, porque eso es lo que te va a hacer fuerte.

Isabel de la Trinidad nos va a hablar de este dejarle a Dios que asuma el protagonismo.

Tratamos de cuidar el silencio, vamos a comunicarnos de otra forma, desde el silencio, entrar en comunión, qué palabra nos dice el Señor al corazón.

Jesús también necesitó irse al desierto, y nos da como una enseñanza, necesitó irse a la montaña, mirarse en la mirada de Dios y verse a solas, y él era un hombre de relación, profundamente, pero cultiva mucho los espacios de silencio.

Tres palabras:

  • Aprender
  • Simplificar
  • Perseverar

 

Aprender de Dios, de la vida, de nosotros mismos.

Simplificar porque la vida requiere también ir a lo esencial, cómo centrar la vida, y no vivir dispersos. El problema no es que hagamos muchas cosas, sino unificar, simplificar, una actitud, una cosa que encontrar y en la que sentirte sostenido. Decía María Zambrano que había que encontrar una palabra, una palabra que tenemos cada uno o de una canción y que hemos de encontrar: simplificar, donde está la sabiduría. Despojarse de mucho artificio, centrando la vida a lo importante y esencial, camino largo de regreso a la simplicidad del corazón, y que no se nos vaya perdiendo la vida en alejarnos de donde está mi fuente y mi hogar, como nos dice Isabel de la Trinidad, volver al Hogar, detrás de lo que andamos toda la vida.

Perseverar, porque van a surgir mil dificultades, mil razones, mil excusas, para dejar lo que importa, así que perseverar, no rendirse, volver a empezar.

Le pedimos a Isabel de la Trinidad que nos cuente algo de su experiencia, que nos cuente algo que es importante y valioso, si el mundo supiese lo que es la experiencia de Dios no es comparable a otras alegrías.

Con motivo de Isabel de la Trinidad nos ponemos a la escucha de lo que Dios pueda hacer en nosotros.

Tenemos una carta de Isabel de la Trinidad a la Madre Germana, comunicándole algo que es clave que es esencial para ella, como principio y fundamento, de donde partimos, que nos recoge y habla.

Además nos apoyamos en tres textos bíblicos:

El diálogo con Nicodemo.

Con Pedro: ¿me amas?

La tempestad calmada

Por la tarde el texto del Hno Lorenzo.

JESUSMEABRAZA

La primera idea, idea raíz con la que arrancamos es: “el nos amó primero”, de aquí parte nuestra vida, aquí despertamos, nos hacemos conscientes, y para ello recordamos los momentos en los que hemos sentido en que hemos vuelto a ser dado a luz, con las personas y momentos en que  otra vez Dios nos daba a luz, con una vida que nos daba como nueva, una vida agradecida, recordando que esto va a volver a pasar si nos dejamos.

Siempre que nos acercamos a Dios es como una experiencia de ser engendrado, gestado y dado a luz.

Isabel de la Trinidad va a sentir esta invitación, que su vida se deje regenerar, reengendrar y aceptarse dada a luz, con una vida entregada en la cual la cruz se hace presente porque no es posible nacer sin atravesar el no ser, el dejarse a sí mismo, dejar una vida que conocemos a una vida nueva.

Pues acogemos este texto de Isabel que se titula “Déjate amar”, la tarea de la vida, realmente lo que importa es déjate amar, acepta que Dios es un amor que se te quiere regalar, y pregúntate si te estás dejando, si estás aceptando.

Y a la vez recordamos el pasaje entre San Francisco de Asís y el Hermano León, en que el Hno León estaba triste, y Francisco sabía qué le pasaba, y le pregunta qué es la pureza del corazón, y responde el Hno León que la pureza del corazón es cumplir las cosas, el hacer las cosas bien, el sentirse satisfecho, cuando llega al final del día y ves que más o menos has hecho las cosas bien, y Francisco le dice que eso no es la pureza del corazón, eso es un cumplimiento de tí mismo, eso es quedarte en un nivel moral, pero la pureza de corazón es cuando una persona hace lo que puede, lo que sabe, reconoce sus errores, se da cuenta sus límites, acoge su vacío y deja que Dios venga a habitar sus vacíos, sus éxitos, sus fracasos y acepta… Esto lo va a decir Isabel con otras palabras, que también cuando uno está desanimado, se siente pobre, cuando se siente…, a veces, despreciable, o no se acepta a sí mismo, ¿cómo se hace eso de acoger que Dios no te quiere menos en ese momento? ¿cómo se hace también el despegarte de tu orgullo, de tu tristeza, y dejar que Dios venga a tu casa, cuando tu casa no la sientes arreglada lo suficiente, y sin embargo, hospedas a aquél que quiere venir?phoca_thumb_l_sor_isabel_de_la_trinidad 66

Déjate amar.

Vamos a partir de aquí.

Isabel vive en un contexto muy determinado, muy concreto, y transmite su experiencia de Dios, algo que es experiencial, y se nos invita a acoger no una idea sobre Dios, sino a entrar en la experiencia de Dios. Esto que hoy necesitamos urgentemente, necesitamos que nos hablen de Dios y lo anhelamos, que se nos hable de Dios, y lo pedimos, que haya una palabra sobre Dios que nos encienda el corazón, pero sobre todo necesitamos hacer experiencia. Necesitamos mucho maestros de la experiencia, mistagogos.

Isabel nos va a hablar del Dios que le habita dentro, del Dios que le recorre las entrañas, del Dios que se ha colado en su vida, y a nosotros nos seduce, porque queremos descubrir quien es el Dios que ha pasado por la historia, por la vida de algunos personajes, como por la vida de cualquier persona. Esto decía el hermano del Hno. Rafael, que decía que yo me enamoré del Dios de mi Hno. Rafael, del Dios que el vivía.

Nosotros queremos ser personas que no hablan de Dios, nos gustaría ser personas que no hablan de Dios, porque si es Dios se transparenta en la vida, porque si es Dios tiene que convertirse en algo que se transmite no con palabras necesariamente, también, pero las palabras siempre son muy torpes.

Isabel le dice a la Madre Germana que cuando ella esté en el Cielo, en ese inmenso hogar, quiere dejarle esta palabra, que es esencial.

Dice que el momento y la hora es grave y solemne, este momento es urgente. Esta idea tienen los místicos porque nos despiertan, porque nos dicen que el tiempo pasa, y nos lo dicen no para agobiarnos, sino para despertar. También Teresa de Jesús nos dice, eh, despertar!, al igual que los sabios y hombres de Dios. que nos despiertan a algo que es fundamental.

Isabel nos dice que sin excusas, sin poner reparos, hay que aceptar, hay que dar cabida a ese amor, sin poner obstáculos, esta es nuestra vocación. La vocación fundamental es dejarnos amar, más que elegir un estado de vida, más que ser de un carisma o de otro, más que elegir si me caso, si me…, más, lo profundo de nuestra vocación consiste en este dejarnos amar, esta es nuestra vocación.

Una vocación que se convierte como en un sacerdocio, que nosotros dejándonos amar nos convertimos en personas que ayudan a los demás a encontrar sus amores, su amor, sus amores dice Juan de la Cruz, pero que nuestra vida, cuando aceptamos esta vocación se convierte también en ayudar a cada persona a que encuentren cuál es su amor, cual es su casa, su hogar, su sitio, fundamentalmente este ser sacerdotes, servir a los demás para abrirles a la experiencia de aquello que les conduzca a casa. Por eso nosotros nos queremos abrir a este amor.

Ella dice, la vida del sacerdote como la de la carmelita, tiene una frase tan bonita, es como un Adviento que prepara la Encarnación de Dios en las almas, qué cosa tan bonita, que mi vida, al contacto con los demás pueda contribuir a que cada persona pueda vivir este regreso a la casa y a un dejarse amar, que esto es lo que hacía Jesús.

Hemos sido sellados y marcados, hay un sello en nosotros, que a veces queda cubierto por las preocupaciones de la vida, por el ajetreo, por las prisas, pero hay un sello que en algunos momentos vas a volver recordar, porque se aviva,  porque se hace otra vez ascua encendida. De tiempo en tiempo en la vida se te recuerda algo que es fundamental, que es una llamada a la vida.

Dice Santa Teresa que el algunos momentos suena el silbo del pastor, que vuelve otra vez a encender la centellica, que necesitamos otra vez que se encienda la centellica de este amor que centra la vida.

A cada uno este amor, este toque, esta vocación esencial, vocación esencial, más allá del trabajo que tienes, de que seas médico, o seas religioso, o seas lo que seas, vocación esencial, en cada uno asume una peculiaridad, que tiene que ver con tu propia persona, con aquello que eres, con tus capacidades, con tus incapacidades, con tu estilo, con la educación que has recibido, pero tiene que ver contigo, con tu persona, con tu peculiaridad.

Cuando uno va percibiendo cómo aquel amar te hace sentir que tu vida está llamada a ser fecunda de una forma particular, empieza uno a encontrar cierta paz, a encontrar la alegría de ser quien es, y a superar la comparación o la envidia.

Esta vocación para Isabel de la Trinidad es ser alabanza de gloria, dice ella, que mi vida sea una alabanza de tu gloria, para la gloria de Dios,  quiere ser alabanza, una canción, un canto, que mi vida se convierta en proclamar la grandeza de Dios en mi. Isabel descubre que esta es su vocación.

Y aquí viene la pregunta para nosotros, que nosotros también necesitamos ser alabanza, que en nuestra vida haya más canción, que mi vida desde la mañana hasta la noche se convierta en un agradecimiento, en una bendición, en una proclamación, y que se me note en la cara, en la vida, en todo lo que hago, que estoy agradecido, que estoy profundamente reconociendo que todo ha sido un regalo, y un don. Mi vida quiere danzar, quiere bailar.

Con la miseria y el pecado que están presentes en nuestra vida. Con miseria y con pecado él te ama así, dice Isabel. No tiene una condición que espere de nosotros que seamos impecables, no, nuestra vida está tejida de pecado y de miseria, y sin embargo, dejarse amar.

Lo dice ahora a continuación: permanecer en esa comunión de amor, dejándonos enraizar, vigilar que nuestra vida no se convierta en superficial si estamos despiertos para el amor, despiertos para qué.

Despertar para lo que significa amar en cada momento.

Cuando no estamos despiertos para el amor nos engancha la superficialidad, y necesitando vivir en la superficie de las cosas y satisfacernos con la superficie de las cosas.

Cuando estamos decaídos, cansados, cuando nos sentimos pobres, ser fiel en creer que el obra también en el corazón de ese decaimiento. Agradarle y agradecerle, fiel en creer que no actúa menos, más aún actúa especialmente, si no te quedas en tu orgullo, porque su amor es libre.

Aquí hay una idea muy bonita, ¿cuál es nuestra idea de Dios?, sujeto muchas veces a nuestra temperatura moral o al resultado de nuestras acciones en lugar de pensar que Dios es libre y no nos ama menos cuando nosotros nos sentimos más pobres o le hemos fallado, dice Isabel, su amor es libre y el quiere engrandecerse en ti incluso cuando tu te sientes así, por eso te dejarás amar, más que estos, dice el texto.

Dios quiere crear en ti cosas que son adorables, admirables, Dios quiere ser creador en ti, si tu le dejas, Dios quiere que tu seas canal de cosas importantes, y que van a nacer precisamente en la experiencia de tu pobreza…, si logras no quedarte atrapado en tus propias incapacidades, esta es una de las fronteras más difíciles de superar en la vida.

Nos quedamos en nuestro talento, en nuestros éxitos, en lo que producimos, pero no es fácil que aceptemos con gozo, con paciencia que Dios es capaz de producir en nuestra propia fragilidad.

Rendir homenaje a la simplicidad de Dios, dice Isabel, esto significa creer en el y significa engrandecerle a el. Ella habla con frecuencia de la simplicidad de Dios en nuestro corazón, permitirle a Dios ser el Dios que ama con simplicidad en nuestro corazón.

 

Termina Isabel con una especie de oración o de palabra que es de parte de Dios hacia nosotros:

“Soy yo quien vengo y te traigo la alegría que no conoces, soy yo quien quiero regalarte una alegría que tú no conoces, si tu me dejas, si tú aceptas, pues me ha posado y reposado en ti, ahora ámame, quiéreme y déjame”

Es una palabra que da vueltas sobre la misma idea, y que nosotros queremos acoger hoy, cada uno, cada una, la acogemos en este día, empezamos por aquí: déjate, podríamos solamente conjugar solamente la primera palabra, déjate, acepta, no te pelees con la vida, deja tus armas a un lado, confía en que hay alguien que te quiere regalar, vida, ¿sería posible esto? ¿una tregua?, ¿una tregua en nuestra pelea con la vida y aceptar que la vida tiene muchas realidades que son no fáciles, pero la vida también tiene mucho de tesoro, de perla preciosa, escondida, ya en tu jardín?, y de alguna forma esto viene a decir Isabel, ¿si supieras lo rica, lo afortunada  que eres, si supiéramos lo afortunado que somos?, ¿en este vaivén de la vida, en este ir y venir, en la búsqueda de algo que no sabemos que es?, porque todos quieren un poco de paz, un poco de alegría, y no quieres grandes cosas.

Al final los momentos de despertar en la vida son momentos que tienen que ver con el descubrimiento de algo muy simple que ya estaba ahí, y esto me basta.

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Un autor dice, hay veces que vas por la acera de la calle, y  vas distraído, pensando en lo que tienes que hacer, tienes tus preocupaciones, es un día como otro cualquiera y de repente no sabes porqué sucede que un viento fresco te llega dentro, y sientes internamente la convicción que todo está bien, de que no te hace falta nada, de que la vida es digna de ser agradecida, de repente ese día te sientes como nuevo, y en instante, en ese preciso instante das gracias por la vida, y sientes que no hace falta de seas otra persona, que siendo tu, la vida está llena de belleza. Dice, es sólo un instante, un instante, pero te sabe tan verdadero, es tan cierto, esos momentos en los que das gracias. Y vuelves a ser el mismo, sigues por la acera, vas camino por donde ibas y todo parece que sigue igual, y la gente si te mira a la cara eres el mismo de antes, pero nada es igual, has recibido el regalo de una lucecita pequeña, y los has recibido en muchos momentos de la vida, pero se te ha olvidado. Se enciende en ocasiones cuando rezamos y Señor quiere tocar tu alma y te dices: El Señor es  mi Pastor, nada me falta, y dices, nada me falta. Tú has experimentado muchas veces en tu vida que nada te falta, que no tienes que perseguir nada más allá, y no se te va a dar mañana, ni pasado mañana, ni dentro de tres años, sino que sientes, secretamente…, es como la voz del amado que te dice, si yo estoy contigo, si te he regalado ya todo lo que necesitas, si cuando llegues a mi descubrirás que lo más valioso ya lo tenías en tu casa, si no necesitas hacer piruetas, si no necesitas hacer malabares, ni convertirte en otro, en otra, no necesitas, si la gracia de este amor es que yo te quiero tal como eres, y que ¡déjame quererte!

Este es secreto que han descubierto los grandes hombres y mujeres, que se han topado con la alegría en su fragilidad, y experimentaban muy fuertemente su propia pobreza, no idealicemos a los místicos.

Idealizamos a los místicos sin darnos cuenta que su tierra, su territorio, era un territorio cosido de dificultades, bueno, atravesado de dificultades. Ahí ellos lograron descubrir esta idea, el tesoro se encuentra ahí.

Vosotros y yo hemos recibido en algunas ocasiones en la vida regalos puntuales que nos hacen recordar esta maravilla y que tienen que ver con los guiños de Dios. Nosotros queremos recuperar esta idea que es la idea raíz de la vida de un creyente, de un cristiano: ¿quién es Dios para mi? ¿quién eres tu para mi, ahora?  ¿quién quieres ser para mi? y si yo te dejo ser aquello que quieres ser en mi.

A mi me gusta mucho suplicarle al Señor, y pedirle que en mi torpeza el vaya haciendo lo que el cree que es importante para mi, a pesar de mi, a pesar de mis juicios, de mis excusas, de mis miedos, pues claro que estamos llenos de miedos, llenos de excusas, llenos de una inteligencia que  nos hace pensar que es bueno y verdadero lo que luego descubrimos que no lo era. ¡Qué pequeñita es nuestra capacidad de comprensión!. Por eso necesitamos continuamente pedir luz.

Esta es la palabra de Isabel, una palabra aparentemente simple, no hemos dicho grandes cosas, hemos dicho algo que es muy sencillo, pero es el principio de todo, y para Isabel es su testamento.

La Madre Germana va a leer la carta después de que ella ha muerto, y le deja lo más importante, por favor déjate amar, no pierdas tiempo, no dilates demasiado tiempo el ponerte a tiro de este amor de Dios, mi actividad en el cielo será recordarte esto.

Viene a decir Isabel algo así, no se cómo lo haría, pero dice, en el cielo voy a dedicarme a recordarte que esto es lo principal. Esto viene a decir también Santa Teresita.

Entramos en este ambiente de oración, en que nosotros decimos a Jesús, dame tus ojos, dame tu mirada, dame tus sentir, dame tu entrar en ti…

 

Quítame lo que quieras, pero no la Alegría

 

Cuenta una anécdota que yendo santa Teresa a hacer las escrituras de una de las fundaciones, preguntó al escribano, después de hechas, cuánto eran sus honorarios. Éste le contestó con desparpajo:

– Solamente un beso.

Y la santa se lo dio, natural y sonriente, al tiempo que exclamaba:

– Nunca una escritura me salió tan barata.

El pueblo ha visto en Santa Teresa de Jesús la santa del buen humor, de la gracia y del donaire. Estaba dotada verdaderamente de gracias naturales como la jovialidad, espontaneidad, cordialidad, afabilidad y sencillez. María de la Encarnación nos dice que “era muy discreta, y alegre con gran santidad, y enemiga de santidades tristes y encapotadas, sino que fuesen los espíritus alegres en el Señor, y por esta causa corregía a sus monjas si andaban tristes, y les decía que mientras les durase la alegría les duraría el espíritu”.

La vida de sacrificio y penitencia no la consideraba reñida con la alegría. Tanta importancia daba a la hora de la recreación como a la de la oración. Así ponía gran empeño en que las monjas participaran del momento de la recreación y pudieran compartir libremente. En cierta ocasión, estando en Medina del Campo, reprimió severamente a la hermana Alberta, que se quejaba: “¿Ahora nos llaman a cantar? Mejor fuera para contemplar”.

Gozaba de gran libertad para hablar de sí misma, de sus dolores y achaques. Bromeaba con la Inquisición, ponía apodos con gracia. Al pintor Fray Juan de la Miseria, que la retrató, le dijo: “Dios te perdone, Fray Juan, que ya que me pintaste podías haberme sacado menos fea y legañosa”.

Santa Teresa fue una mujer madura, capaz de maravillarse y asombrarse de las cosas de cada día. Ella nos dejó esta frase célebre: “También entre los pucheros anda Dios”, gozó con todo lo creado. De su fe en este Dios cercano, vivo en cada cosa y acontecimiento, le brotó esa alegría natural y contagiosa. A brazo partido luchó para que sus monasterios gozaran de este ambiente de libertad donde se respirase a un Dios alegre, capaz de llenar de felicidad cualquier corazón humano.